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jueves, 21 de febrero de 2013

Resistente, cómo la misma Torre de David


Lo llevas en tu propio nombre y haces gala de ello. Cuenta la historia, que hay una antigua ciudadela muy cerca de la puerta que da entrada a Jerusalén, la Puerta de Jaffa. Este lugar del que hablo se construyó para reforzar un punto débil  para defender a esta santa tierra, allá por el Siglo Segundo, Antes de Cristo.

Este lugar, ha sido destruido en numerosas ocasiones, y en unas cuantas más, ha sido reconstruido por cristianos, musulmanes, mamelucos y otomanes. (Si te caes siete veces, levántate ocho)

Cómo esta Torre, has pasado momentos muy duros, en los que creías que nunca más volverías a levantarte, y resistiendo, con una fortaleza divina, has vuelto a ponerte en pie. Resistente como aquella Torre por la que se llega a lugares santos, alzándose victoriosa cuando ya nadie apostaba por ella, cuando se resquebrajaba y sus piedras caían al suelo deshaciéndose como simple arenisca. Así, lentamente, no es la primera vez que ves caer tus muros, que te sientes débil, indefenso.

Elegido de Dios,amado y querido. Qué bien te eligieron el nombre, qué buena carta de presentación. Y es que aquella Torre, cómo tú, tuvo noches oscuras, sin apenas luz, en las que veía muy lejos de ella el renacer del sol. Pero también, en aquellas oscuras noches, hubo quien no perdió la Fe en volver a reconstruirla, en que volviera a alzarse victoriosa, y en aquellas oscuras noches, también hubo una estrella, la que lleva tu nombre, que brilló más que ninguna en el firmamento.

La noche es dura, lenta, y se que muy dolorosa. Pero también sé que habrá un amanecer, que esa Torre volverá a rozar el cielo, que resurgirá de sus cimientos...

Porque 26 años es sólo el comienzo de la historia. Porque tu propio nombre lo indica... Porque hay quienes seguimos aquí, creyendo en ti, admirando tu resistencia, tu fortaleza, tan digna cómo la de aquella Torre.

Y aunque no sea el día cómo hubieras soñado, esa Torre volverá a ver esas pinceladas de amanecer que tanto te gustan. FELICIDADES.


Gracias Alberto Honrado, por esta bonita fotografía, y gracias porque también haces gala del nombre que llevas.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Será porque te quiero


No sé de dónde diablos ha salido esa lista, ni quienes han sido los iluminados que la han creado. Pero me niego a creerlo. Será porque te quiero. Porque a mi nunca me parecerás de las más feas, porque he nacido entre tus muros, o porque he crecido y he aprendido entre ellos. Porque cuando te arrancan un árbol me duele a mi, o cuando derriban un nuevo edifico siento que se va una parte de mi esencia. Será quizás porque me encanta caminar entre tus calles o perderme en ese mágico parque. O porque he soñado entre majestuosos templos, sumergiéndome en sus centenarias piedras. 

Será porque te quiero que aún sabiendo que no eres patrimonio de la humanidad, te siento patrimonio de mis entrañas. Será porque aún sabiendo de memoria todos tus rincones, siempre veo encuadres diferentes. Porque he aprendido incluso a mirar de otra forma aquel peculiar edificio que se alza en tu corazón. Quizás sea porque me gusta saborear tus costumbres y me duele cuando siento que se pierden tus tradiciones. 

Será porque te quiero, porque a veces me agobias, tan pequeña y sin secretos...Pero te echo de menos cuando me voy. O porque en tus entrañas nacieron grandes caballeros. O quizás porque el albero de un Prado sabe y huele a tradición cuando se llena de ofrendas y pañuelos de una yerba que nació en un Camarin desde el que se guardan las ilusiones.

Será porque te quiero, que no entiendo al que reniega de ti. Al que quiere demoler los sueños que un día soñamos, la magia que se guarda en tantos rincones. Será porque mi mirada se tiñe de nostalgia al pasar por el colegio en el que aprendí valores o el convento desde el que nos miraba la humildad. Será porque aún me acuerdo de aquella vieja estación dónde nos despedíamos del querer o porque me hago mayor y aún veo en mi memoria al carro tirado por una mula repartiendo leche. 

Será porque me gustan tus tiendas de siempre, porque quiero que tus barrios sigan sabiendo a barrio, que la gente siga saliendo en verano a sentarse a las puertas de sus casas y a comentar el día con los vecinos. Será porque no me gusta vivir en un sitio dónde la gente no de los buenos días y apenas te miren.

Será porque te quiero y recuerdo tantos juegos en aquella plazuela, porque me cuesta reconocer a veces los lugares dónde sonreí, dónde me escondía o me columpiaba. Será porque me entristece que no te valoren, que no te dejen enseñar lo mucho que escondes, que te pongan horarios en ocasiones tan restringidos para poder valorar tu arte.

Será porque soy una nostálgica y me gusta pensar que cuando algo lo deteriora el paso del tiempo, siempre se puede arreglar, y no dejar un vacío que no sabremos a buen seguro si se volverá a llenar algún día. Porque me encanta ver fotografías de cómo eras antes de que te conociera y escuchar historias sobre ti.

Será porque te quiero...

viernes, 30 de noviembre de 2012

Frío




Poco apetece salir de casa con el gélido invierno que se nos acaba de echar encima. En La Mancha sabemos bien lo que es el clima extremo, desde el agotador verano hasta ese frío que te cala los huesos, y en algunas ocasiones, hasta el alma te llega.

Aunque no lo marque aún el calendario, en mi tierra ya ha empezado el invierno, la navidad se aproxima y el olor a castañas asadas invade algunas calles. La hoja seca da paso a la rama pelada y los colores dan lugar a un blanco y negro que nos acompañará los próximos meses.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Contrapicado



Últimamente mis vistas son siempre hacia arriba.Ojalá pronto lleguen otros encuadres.

viernes, 21 de octubre de 2011

Mi Ciudad Real de ayer y hoy

Me gusta la ciudad dónde he nacido y me ha visto crecer. Guardo especial cariño a sus calles, a sus barrios, a sus parques. De pequeña he pasado mis tardes entre los aledaños de la Plaza de Toros y el Cuartel de la Guardia Civil. De estos sitios, recuerdo el mercadillo que entonces se hacía allí, y las Fiestas del Pilar, dónde el Cuartel se vestía de gala durante varios días. 

Bajaba cada tarde a jugar a "La Plazuela" que no es otra que aquella placita dónde se encuentra la iglesia de San Juan de Ávila, dónde cada domingo asistía a misa de la mano de mi Yaya. En verano, se realizaban un montón de talleres de actividades.  Las noches de verano, nos bajábamos nuestras propias sillas plegables (la mía muy pequeñita, con un estampado de flores marrón, típico de la época) a los "jardinillos del cementerio" dónde había columpios de toda clase: toboganes, balancines, la "red araña"... y las mañanas de domingo tocaba ir a los "jardinillos de los soldaos", dónde jugaba mientras mi tía Mari leía el periódico que previamente comprábamos en el kiosko, con el correspondiente dominical. Recuerdo que allí me regaló mi primer libro, "Cuentos de Grimm". Muchas tardes de domingo íbamos al cementerio a ponerle flores a la tumba de mi abuelo, tal vez por eso a mi nunca me ha sobrecogido especialmente este lugar, cómo si lo hace a otras personas. Siempre lo he visto cómo algo normal. 


También recuerdo los días de lluvia, a través de la ventana de la salita de estar de casa de mi Yaya. Desde allí se divisaba un gran árbol que estaba al fondo del patio del cuartel, casi pegado a la ventana, viendo pasar los años. Me encantaba ese árbol, siempre estaba lleno de pájaros y podía escucharse su murmullo entre las ramas. En el patio del cuartel, siempre había muchos niños jugando al balón.

Otro de los barrios dónde he pasado muchos momentos ha sido el de la Morería, pues mis padres pasaban largas jornadas trabajando en el restaurante de mis abuelos, y mi hermana, mis primos y yo, pasábamos largas horas jugando en la calle, algunas veces en el patio del colegio Carlos Eraña, jugando a un 21 o a cualquier otra cosa. Nos encantaba la feria que tenía lugar allí a finales de junio, era de las más grandes de la ciudad.

En el Parque de Gasset, dónde se encontraba mi colegio, fue dónde mi hermana aprendió a montar en bici, de la mano de mi padre, y dónde yo pasé muchas tardes patinando en sus pistas, con mi amiga Mayte, a la salida del colegio, a las cinco de la tarde. También recuerdo cuando la feria se montaba allí, en sus paseos centrales. Yo era muy pequeña, pero tengo vagos recuerdos de aquello. Otras veces, preferíamos quedarnos en el barrio, jugando a la goma en alguno de sus callejones, Brunete mayoritariamente. Por las mañanas, antes de ir al cole, solíamos ir a comprar algo para el recreo a la tienda de Martín. Otras veces, la merienda la cogíamos en la tienda de Ana. También recuerdo las fiestas del colegio vecino, Hermano Gárate, cuando soltaban una vaquilla en el patio de enfrente de mi casa, y todos corrían delante de ella, muchos acababan revolcados por el suelo. También recuerdo la antigua estación de Renfe, tan cerquita de mi casa. 


Hoy miro atrás y veo tan cambiadas las cosas... Los jardinillos del cementerio han sufrido recientemente una profunda remodelación, seguramente a mejor, pero se me hace raro aún verlos así, al igual que los de los soldaos, dónde hace tiempo se derribó el antiguo cuartel de artillería. Al menos ahora se puede ver el Rectorado en todo su esplendor. El viejo árbol del cuartel testigo de tantas cosas, hace mucho que ya no está. En su lugar hay una especie de cochera dónde los guardias tienen sus coches, al igual que en todo el patio, ya no se ve un hueco libre, y los niños ya no tienen espacio para jugar allí. El mercadillo hace tiempo que cambió de lugar, ahora está en el barrio de la Granja, dónde llevaron desplazados a los vecinos de "Vista  Alegre", que con tanta premura tuvieron que salir de allí. Hoy, muchos años después, sólo encontramos en el lugar dónde se encontraban las casas de aquellas gentes, un enorme solar.


En el barrio de la Morería ya no hay fiestas, pasan desapercibidos los días que deberían ser grandes allí. Igual que en el Parque de Gasset pasa desapercibido ya el viejo edificio del colegio Ferroviario, que para mi, es el más bonito de la ciudad. Lo último que se escuchó fue que iba a ser destinado a museo de la semana santa, y hoy pasé por allí y con gran nostalgia vi cómo un par de operarios estaban tapiando sus ventanas con ladrillos y cemento. 

La tienda de Martín hace años que ya no está, la de Ana aún se conserva, debe ser ya de las pocas tiendas de ultramarinos tradicionales que quedan,  y las fiestas de los Gárate ya no son igual, ni los niños juegan por las calles tampoco.

Cada día veo cómo van desapareciendo los lugares dónde yo crecí, me pregunto a veces si sigo en la misma ciudad o me he mudado. Y si, me mudé hace dos años ahora. A un barrio de las afueras, dónde hasta hace aproximadamente un año, no hemos tenido línea de teléfono, ni de autobús. Ni siquiera estaba el acerado terminado para llegar hasta aquí andando, era una odisea. A la entrega de llaves, todo muy bonito, la foto para el periódico (pues son pisos de protección oficial) y ya está todo hecho. Así hemos estado olvidados hasta hace bien poco, cuando se acordaron que sería bueno que pasaran autobuses por aquí y que pudiéramos estar comunicados. Para alguien cómo yo, acostumbrada a tener todo a excasos 500 metros de mi casa, estar así ha sido difícil, la verdad. De los problemas que hemos tenido con el piso, mejor no voy a hablar ahora, porque no procede, sólo diré que de estas cosas ya no se acuerdan los que luego salen en las fotos.

Somos testigos a menudo de cómo van desapareciendo nuestros recuerdos, derribados sin piedad por grandes gigantes de hierro. No sé la cantidad de solares que puede haber en el centro de nuestra ciudad, esperando, algunos ya muchos años, a que construyan algo, o en el mejor de los casos, pongan un castillo hinchable, que total, para reemplazar un edificio de pueblo del siglo XIX, lo mismo da... Ironías aparte, me pregunto quien pone precio a nuestros recuerdos, quien juzga el valor histórico de unos muros que poco a poco van desapareciendo.

Me pregunto también últimamente cuanto tardarán en derribar la vieja librería Aspas, dónde a buen seguro todos hemos comprado un libro alguna vez. Todo allí tenía sabor a rancio, incluso su dueño, que me recordaba a la tienda de antigüedades de la película de los Gremmlis, la cuál me encanta, por cierto.

La cultura y las tradiciones cada vez se fomentan menos. Lo último ha sido el concurso de belenes, organizado cada año por nuestro Ayuntamiento. Nunca entendí cómo el jurado de tal concurso se podía componer del pandorgo de turno de cada año, el hermano mayor de una hermandad de gloria, y algún funcionario del área de festejos, con todos mis respetos a cada uno de ellos, claro. Pero en mi ética no entraría formar parte de un jurado en un concurso de bolillos, por ejemplo. Este año, cuando aún no se han hecho efectivos los premios en metálico del año anterior, recibimos la noticia, de que el próximo premio sólo consistirá en el tradicional icono. Yo no me considero belenista, pero algo entiendo, y sobretodo, se del esfuerzo que supone realizar un belén. Porque hay una diferencia muy grande entre "montar un belén" y "hacer un belén" y seguro que más de uno sabéis de lo que hablo, cuando pasado San Antón, desmontáis el vuestro y empezáis a realizar construcciones para el del año siguiente.


Tampoco se fomenta ya el arte de la fotografía, y este si que me afecta más directamente. Me da mucha lástima mirar a los pueblos de alrededor y ver cómo todos apuestan por ella con diferentes concursos, exposiciones, certámenes... Qué diferente es esto en mi ciudad desde hace unos años. 

Creo que aquí un concejal de cultura lo tiene que pasar realmente mal, pues lo paso yo cómo ciudadana. Es cierto que siempre que hay una crisis de dónde primero se recorta es de estas cosas, y comprendo que antes de tocar servicios sociales, sanidad o educación, le toque a la cultura. Pero espero que las medidas sean iguales para todos, y que no sólo se empleen con los pequeños colectivos cómo es el caso de los belenistas.

Actualmente vivimos en una Ciudad Real dañada gravemente por la mano del hombre. Rabia es lo que siento cuando veo fotografías antiguas y descubro ese encantador Ayuntamiento, esa calle Ramón y Cajal o la tradicional Alarcos. Ese empedrado del suelo, que hasta hace unos años, podríamos ver en el barrio de Pio XII, dónde estaba el cine de verano y el antiguo hospital de Alarcos, otro edificio del que aún no sabemos cuál será su destino. Ojalá no acabe hecho añicos, moriría con él otro de mis recuerdos de infancia: cuando iba muchas tardes al costurero a esperar a que mi abuela terminara de trabajar. 

Tampoco sabemos muchas veces cuando paseamos por nuestra ciudad, si nos encontramos ante una iglesia, una cochera o el edificio de Correos. Los nuevos arquitectos o los encargados de diseñar estos lares, no creo que hayan rezado mucho, pues las iglesias más recientes, invitan poco a ello. Siempre me he preguntado cómo antiguamente, sin máquinas, solo con mano de obra, se han construído grandes templos y catedrales, y ahora, con mucha más tecnología, vemos iglesias que se nos hace complicado incluso hasta identificarlas cómo tales. También habría que hablar de las restauraciones que han sufrido nuestras iglesias más queridas a lo largo de las últimas décadas, pero eso lo dejaré para otro momento. 


Hoy por alguna extraña razón, me ha invadido la nostalgia, y me he puesto a pensar en todo esto... Tal vez me haya resultado duro ver cómo tapiaban las ventanas de mi antiguo colegio... Pero esta es mi ciudad, a la que quiero y la que me duele.

jueves, 11 de junio de 2009

¿Qué tendrá San Pedro?

Que me gusta tanto


¿Será por sus detalles?


Por los siglos de historia que guardan sus muros


O porque tras una reja se encierra mi corazón


El caso es que allí el tiempo se para. La paz que se respira es infinita, y me podría pasar horas enteras entre sus paredes, que apenas parecieran segundos. Sería un trabajo de meses captar cada detalle que hay entre esos muros... Me gusta cuando voy por las tardes y está en completa soledad, cuando solo se escucha el silencio y puedo hablar con Ellos tranquilamente...
Será porque San Pedro me ha visto crecer, por las horas que he pasado entre sus paredes, en catequesis de pequeña, y luego con mis hermandades, montando y desmontando los pasos, los cultos, los altares...Por la enreversada escalera de caracol hasta llegar a lo alto de su campanario, por la belleza de cada una de sus imágenes, en especial por la de mi Padre y mi Madre...
Qué le voy a hacer, me encanta mi Iglesia, si no fuera por algún que otro cacique...

domingo, 10 de mayo de 2009

A la Puerta de Toledo, mare, le tengo celos...

El símbolo más representativo de mi tierra, sin duda es la Puerta de Toledo, llamada así por señalar el camino hacia esta ciudad. Se situa al norte, y formaba parte de una muralla que antiguamente rodeaba toda la ciudad, con 130 torres y 8 puertas de accesso, de las que a día de hoy sólo se conserva ésta y la Puerta de Granada, en el Torreón, ya casi derruida.
Es de estilo gótico - mudéjar, y es más de 50 años más antigua que la Puerta del Sol de la ciudad imperial de Toledo. Se empezó a construir en el año 1297, y se finalizó bajo el reinado de Alfonso XI, cómo reza su cartela en piedra, en 1328.
Consta de seis arcos donde se combinan la ojiva y la herradura, símbolo de la convivencia entre la población cristiana y morisca. Los dos arcos exteriores son apuntados, de gran peralte, apoyados sobre columnas adosadas a los muros, otros dos, de herradura, uno de ellos apuntado y sin alfiz, y dos más interiores, apuntados, entre los cuales bajaba el rastrillo de cierre.
Aquí os dejo unas imágenes con sabor añejo, las cuales invitan a adentrarte en una época medieval con la que ya solo podemos soñar, pero siempre quedarán estos bonitos sitios para recordarnos nuestros orígenes.










lunes, 17 de noviembre de 2008

Simplemente...ToLeTuM

Ahora, más que nunca, entiendo al romántico Bécquer, después de ver " el otro Toledo", el misterioso, el esotérico...ese encanto especial que sólo captas de noche, con cada una de sus leyendas, de sus historias, de sus tradiciones.
Es cómo estar metido dentro de un libro y ser el protagonista. Hay historias que son capaces de hacerte sentir el más profundo de los escalofríos, tus sentidos captan cosas que ni la imaginación hubiera podido jamás inventar, y de repente, como si de un guión se tratara...¡zas! aparece de la nada ese gato negro, ese maullido en el silencio de la noche, o esa puerta entreabierta dónde no se ve mas que oscuridad dentro, quizás de alguno de esos duendes o brujas que un día, según cuenta la leyenda, allí habitaron.

Y qué decir de ese magnífico pintor, sólo el supo unir el cielo y la tierra, representando con geniales pinceladas la vida después de la vida. Leyendas y mil historias románticas, imposibles, tenebrosas, lúgrubes, reales o no, pero capaces de hacer volar la imaginación del más racional.
Sencillamente...ToLeTuM.
Va por Lalo, la persona más enamorada de su ciudad que he conocido y un magnífico guía y amigo, y por otro "bolo" al que quiero mucho: Ismael. Gracias por enseñarnos así de bien vuestra imperial ciudad.








martes, 21 de octubre de 2008

Rincones de mi ciudad

Aunque a veces parezca que tenemos "muy vista" ésta, nuestra ciudad, podemos decir que también tiene bellos rincones, que tal vez con las prisas y rutinas diarias suelen pasar desapercibidos para muchos, como éste pozo tan dulce, y otros que son más vistosos porque están más cerca o mas a la vista de todos como las preciosas fuentes del parque de gasset, las cuales tienen su mejor iluminación al atardecer, con las últimas luces de la puesta de sol. También hay lugares para el romanticismo, rodeados de colores, agua, luz... Solo hay que dejarse embaucar a veces por el embrujo de estos lugares para disfrutar de ellos.