sábado, 3 de mayo de 2014

Mi Miércoles Santo


El ecuador de la semana llega con sabor agridulce. La nostalgia de abandonar la ciudad mágica, con la alegría de volver a casa, a lo nuestro... Cómo cada año, nuestro inicio y nuestro final en esta ciudad es el barrio de Nervión.

Esta vez, para ver al impresionante crucificado de la Sed, seguido de la preciosa virgen de Consolación, que con sus ojos verdes y sus bellas facciones nos recuerdan a una Salud Cautiva. 

Un buen broche de oro para poner el fin a nuestra estancia en Sevilla...


Y así, nos disponemos a coger el coche de nuevo, para un viaje de vuelta que siempre se hace largo y algo pesado, por el contrario que a la ida.

Y al llegar a casa, capirotes blancos espigados, en un cortejo que da gusto ver varias veces. Consolación nos despidió en la ciudad de los sueños, y Consuelo nos recibe en casa, entre una Bondad infinita. No puede haber mejor bienvenida.

La hermandad de la Flagelación sigue siendo un espejo dónde mirarse en Ciudad Real para aprender lo que significa la palabra Cofradía en la calle. Un gran número de hermanos acompañan a sus titulares, los cuales van paseando por las calles con un exquisito gusto tanto de priostes, vestidores, o cuerpo de capataces. Y además, con unos magníficos acompañamientos musicales, con la vuelta de "los nuestros" tras el misterio, dando ese toque elegante de corneta tras el banderín que pasea a nuestra Virgen del Prado por toda la geografía.

El "pero" esta vez, lo pongo en el público, que quizás por el fútbol, quizás por el buen tiempo que invitaba a disfrutar de días de playa y sol, escaseaba en las calles de nuestra querida Ciudad Real. Y por añadir algo más, tampoco me gustan las vestimentas de los acólitos de ambos pasos. Creo que la prohibición de las dalmáticas ha hecho mucho daño y ha dado pie a algunos "inventos" que a mi gusto, no son propios de un cortejo.

Así fue mi miércoles santo...


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